APÓLOGO

  1. El anciano y el cuarto nuevo
Cuenta la historia que un anciano acababa de enviudar cuando llegó al asilo, su nuevo hogar. Mientras hablaba con el recepcionista, éste le informaba de las comodidades de su cuarto, la vista con la que contaría en dicha habitación, etc.
Mientras el recepcionista relataba estas cosas, el anciano permaneció por unos segundos con la mirada perdida y luego exclamó: “me gusta mucho mi nuevo cuarto”.
Ante el comentario del anciano, el recepcionista le dijo: “Señor, aguarde que en unos minutos le mostraré su cuarto. Ahí podrá evaluar si éste le agrada o no”. Pero el anciano le respondió rápidamente: “Eso no tiene nada que ver. No importa cómo sea mi nuevo cuarto, yo ya he decretado que mi nuevo cuarto me gustará. La felicidad se elige por adelantado. Si me agrada o no mi cuarto no depende del mobiliario o la decoración, sino de cómo yo decido verlo. Yo ya he decidido que mi nuevo cuarto me agradará. Esa es una decisión que tomo cada mañana al levantarme”.


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